Justo H. Santiago  | Archivo
Justo H. Santiago | Archivo

Con solo mencionar la palabra cooperativismo, sus ojos se iluminaron y una amplia sonrisa fue la protagonista en su rostro. Don Justo H. Santiago Echegaray, líder cooperativista y socio fundador de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de Quebrada en Camuy, comparte sus vivencias desde sus inicios en el movimiento.

Cuenta que debido a los muchos problemas en la comunidad, por ser una zona rural y no tener recursos para mantener a la familia, se unió a un grupo de residentes del barrio Quebrada en Camuy para buscar alternativas económicas para mejorar la calidad de vida de cada uno de los residentes del barrio.

Bajo el gobierno de Luis Muñoz Marín comenzó a escucharse sobre el movimiento cooperativo. Recuerda que ellos no tenían conocimiento sobre el mismo, pero buscaron ayuda y la encontraron en Extensión Agrícola.

Así fue que un grupo de líderes comenzó a reunir a las personas, los obreros y sus patronos y para el 1953, contaban con una cooperativa de 37 socios y un capital de $267.00. Siguieron creciendo y en el 1960, el tesorero de la cooperativa cedió una habitación de su casa para que fuera utilizada como oficina.

Hicieron grupos de trabajo para encargarse de los problemas económicos de los demás obreros  y de los de los de ellos,  ya que no tenían los servicios básicos de luz y agua.

Una vez que lo lograron, don Justo recuerda, comenzaron a trabajar y “todo se realizaba de forma manual, apenas una maquinita que sumaba y restaba, luego llegó el teléfono. De esta forma empezamos con una fe grande de que podíamos echar pa’ lante con la ayuda del Señor”, explica.

Relata don Justo que ya estaban incómodos en el cuarto de la casa y por eso “buscaron un ranchito lleno de polillas que si te parabas te podías ir por ahí pa’ bajo”. Luego, consiguieron otro “ranchito” y pensaron como construir algo que no fuera tan “triste”.

La oficina principal, si así podía llamarse la estructura de 14 x 16 pies que construyeron en un espacio, lo cedió uno de los socios. Allí llegaban luego de finalizar sus trabajos a llevar su poca reserva económica y fue de esta forma que comenzaron a hacer ahorros.

Uno de los momentos más difíciles de la cooperativa fue la crisis tras la caída de la industria azucarera. Como resultado, tuvieron un 30 % de morosidad en la cartera de préstamo. Luego de mucha lucha, salieron de la situación y empezaron otra vez a otorgar préstamos de pequeñas cantidades y a financiar seguros para agricultores.

Año tras año aumentaban los servicios con préstamos de auto, pago de luz, agua y teléfono; trabajaban como una agencia de cobros. Lo importante para aquellos fundadores era la fe, creían firmemente en que podían ayudar a la comunidad. Don Justo manifiesta que, “La cooperativa no solo se encargó de trabajar con la situación financiera sino a resolver los problemas de la comunidad”.

El atribuye que con los servicios de la cooperativa pudieron mejorar sus propiedades y así su calidad de vida. Para ese tiempo, el asegura que “el 90% de las casas se financiaron en la cooperativa”.

 

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